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Todos los pueblos del municipio contaban con un
número variable de hornos en función de su población,
de varios copropietarios o participantes que tenían derecho
a su uso (excepto Castrelos, donde todos los hornos documentados
son de un único propietario). Sistema de propiedad muy similar
al de los molinos, en que "la parte" de un vecino en el
horno era heredada de padres a hijos, e incluso objeto de compra-venta.
El sistema de uso a diferencia de los molinos,
en el que su uso estaba partido, es decir, por cada parte correspondía
un día señalado cada cierto tiempo (en función
del número de propietarios del molino), el uso de los hornos
era por turno o vez. Una familia era la encargada de custodiar el
rol o escritura, en el que se relacionaban los copropietarios del
horno, de guardar y dejar la llave, y establecer el orden de su
utilización. Así, cuando un vecino quería cocer,
pedía la vez a dicha familia.
En la actividad de cocer participaba toda la familia,
era una actividad muy importante al tratarse del sustento para casi
un mes. Mientras el hombre calentaba el horno (roxar o forno) la
mujer preparaba la masa en casa. El horno se calentaba con torgos
de urz (uz), tardando una hora u hora y media para dicho proceso.
Primero se repartían las brasas por todo el lar del horno
con el lareiro, cuando estaba caliente, se procedía a barrer
el suelo con el fachón unido al lareiro, estando preparado
para introducir los panes.
La mujer hacia la masa a base de harina de centeno,
agua, sal y levadura. La levadura o formento se obtenía de
masa ya fermentada (xa levedada) de varios días. Cuando un
vecino hacia la masa, reservaba una parte (la ración del
formento) para prestarla al vecino que fuese a cocer a continuación.
De este modo siempre había una ración de formento
disponible para cada vecino. Había que calcular el tiempo
que tardaba en fermentar la masa (levedar), tiempo que variaba en
función de la temperatura del día, mes, cantidad,
etc. para ir preparando el horno.
La masa de pan se transportaba de casa al horno
en un cesto de mimbre cubierta toda ella con sábana de lino.
En La Tejera es curioso como en lugar del cesto se utilizaba una
tabla alargada para transportar los panes ya hechos en casa (aproximadamente
seis), que se iban colocando sobre el estrado.
La mujer ponía toda la masa en el estrado
y hacía todos los panes para un mes. El hombre metía
todos los panes (entre 15 y 25 aproximadamente) en una sola hornada
por medio de una pala o pá, tardando una hora en cocer. La
masa de centeno es de más difícil manejo que la de
trigo, cuando la mujer cogía el pan para depositarlo sobre
la pala, el/la hijo/a la enharinaba y el hombre la introducía
en el horno.
Cuando el horno empezaba a estar caliente se metía
a cocer un poco de pan aplastado, con forma de torta, que se hacía
muy rápido y se comía todavía caliente, para
dar a los niños, era la soplica (Hermisende) o abortada (San
Ciprián). En el caso de La Tejera era la bola, panes pequeños
y redondeados del tamaño de un puño.
Hornos en el municipio.
Se ha documentado en el municipio la existencia de 22 hornos tradicionales,
de los cuales ocho se conservan en un buen estado de conservación,
cinco presentan unas condiciones aceptables, aunque necesitan una
intervención urgente para evitar un mayor deterioro, tres
conservan el edificio pero no los hornos, y del resto (seis) en
la actualidad no se conserva ningún resto material.
En Hermisende había cinco hornos de varios
propietarios, uno para cada barrio: Sampayo, Barreada de la Iglesia,
Forno da Fonte, Fondodevila y Outeiro. De los cuales uno todavía
permanece en uso en la actualidad, el de la Fuente, dos muestran
un estado de conservación deficiente (Sampayo y Outeiro)
y del resto solo queda la cultura inmaterial, destruidos en la segunda
mitad del s. XX.
En Castromil existían solo dos hornos de
varios participantes o copropietarios, situados en la Plaza del
Petril (en el centro de la plaza) y Plaza del Ponce, de los que
no se conserva ningún resto material. Pero existen dos hornos
de un único propietario que presentan un perfecto estado
de conservación, son el Horno de la Tía María
Rosa y el Horno de la Tía Fermina.

Forno da Tía Fermina.
Interior. Vista frontal |
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Forno da Tía Mª
Rosa. Interior, detalle de la boca
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En San Ciprián de Hermisende se conservan
dos hornos, o Forno do cimo do lugar y o Forno d´Abaixo, ambos
de varios propietarios. Ambos de grandes dimensiones, el Forno d´Abaixo
ha sido intervenido en época reciente, mediante la reconstrucción
de la cubierta de pizarra, conserva la chimenea levantada delante
de la boca del horno, chimenea que no salía hacia el exterior
de la cubierta.

Forno d´abaixo. Alzado
exterior sur y este |
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Forno d´arriba..
Alzado exterior sur y oeste
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En La Tejera de los tres hornos de varios
propietarios con los que contaba el pueblo para hacer el pan, uno
en la parte alta del pueblo, otro en los alrededores de la iglesia
( O Apartadeiro) y otro en el hondo del pueblo, solo se conservan
los restos del Horno del Barrio de Arriba. Su uso se establecía
por turno, como en el resto del municipio.
En Castrelos todos los hornos eran particulares,
de un único propietario, algunos de los cuales eran utilizados
por el resto de los vecinos del pueblo que no disponían de
uno propio, a cambio de un bolo, especie de barra de centeno. Estos
eran el horno propiedad actual de César López, Paulino
Vieyros García y el Forno do Serafín o dos Bernaldois.
De los cuales el primero se encuentra en un buen estado de conservación,
el segundo necesita una intervención urgente para evitar
un mayor deterioro, y en el caso del Forno de Serafín, solo
se conserva el edificio en estado de ruina. Castrelos cuenta además
con un horno particular de reducidas dimensiones ubicado en el interior
de la casa rectoral, en proceso de restauración y el situado
en una dependencia de la casa situada en Lombeiro do Val. Otros
hornos de los solo conservamos las edificaciones son los de la Casa
de los Luises y de los Martiños.
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Redacción y Documentación:
Inés Carballal Rodríguez
Técnico Superior del Ayuntamiento de Hermisende
Maquetación y diseño: Sergio
Muñoz
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